Hoy, casi sin querer, me despierto en mi antiguo cuerpo que se libra de lo vivido para regocijarse en sus sentidos de todo lo perdido. Una especie de homenaje que las llamadas feromonas despiertan en mi piel con cierto escalofrío que disfruto en la consigna de regresar al presente para retomarlo en la costumbre de lo que los demás llaman mi felicidad. ¿Es entonces un sacrificio tenerte al alcance y desperdiciarte? En cualquiera de sus formas, mi mas grande agradecimiento es notar que aún tengo la capacidad de lograr esa emoción que había perdido por alguna extraña razón y que suele sangolotearme sin camino, confirmando la vileza del remordimiento que me caracteriza como un humano mas, sin la deidad que concede el poder del control total de mis sentidos.
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