Esto es una prueba y
no sólo de la aplicación (que no funcionó, por cierto) sino del poder liderar con mi propio trabajo.
Demasiadas satisfacciones emocionales, reconocimiento y buenos momentos.
Estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, con las personas
precisas para que sucedan las cosas.
Cuando
él climax, compré una caja del tamaño de mi ego. A pesar de tener la
certeza de que no cabría en mi coche, la destapé. Hice toda maniobra
para meterla ayudada por un par de asistentes de la tienda que tan alto
aprecio artístico tiene en mis recuerdos cuando mi primer trabajo con
Gabriel F.
En
el camino a casa, con la obra por maltratarse en esa enorme caja que
metí casi doblada en mi coche, empecé a regañarme y a recordar una frase
litigante de instrucción y lección constante... M: "Bueno, la impresión
así ya no se ve tan grande." F: "¿Lo dice Marina o el ego de
Marina?"... y así con la caja carísima que compré.
La
caja gigante como mi ego no sirve para guardar ni transportar la obra
porque le queda muy grande. Se convirtió en un gran estorbo en medio de
mi sala que no tiene cabida en mi casa. Estoy pensando en qué hacer con
esa pinche caja.
Después
de haber ido por las primeras impresiones que vendí (a mi hermana con
un descuentote y otras dos regaladas sin ganancia alguna), me di cuenta
que esa caja le pertenecía a G. El si tendría cómo usarla! Tiene mucha
obra de ese tamaño que ha trabajado durante mucho tiempo, tiene el
espacio, tiene la capacidad de bien usar un portafolio tan caro.
Al
final, para mi obra terminé haciendo una caja de cartón remachado con
cinta gafer gris que no es la más adecuada pero que en definitiva ha
sido la más práctica para el movimiento de la obra hasta hoy.
He
disfrutado todo el proceso a pesar de "mi gran caja" que espero pueda
controlar para seguir desmenuzando el sentimiento de felicidad que me
causa la realización de una imagen.
